Y fue ahi, al arder entre las llamas, cuando Julian se arrepintió.
Cuantas veces había deseado aquella muerte, cuantas veces había insultado la insistencia de sus pulmones por seguir respirando, cuantas veces había golpeado su pecho para tentar la perseverancia de su corazón. Y sin embargo, su boca no pudo ni quiso callar aquel grito de dolor al contacto con el fuego que lo rodeaba.
Miró hacia arriba para escapar el paisaje del infierno. Ahí, arriba, vió el humo que cubría como una manta gris al oscuro cielo que cubría a Buenos Aires. Entre el humo, a causa del increible dolor producido por el fuego, o quizas por un deseo de volver en el tiempo para no caer en aquella muerte horrorosa que lo esperaba, comenzó a divisar imagenes, colores y sonidos.
Su mente le presentó en el humo una guitarra. La mano de un hombre cuya figura era tan vaga como lo era el mismo humo, rasgeaba las cuerdas a un ritmo lento, hipnotizador, o dicho de la forma en que la pensó Julian en el mismo momento: "Hermoso". La musica fluía del instrumento como un río azul, las notas nadaban suavemente con elegancia hasta llegar a los oidos del hombre, hasta besar sus timpanos con dulzura. Aquellos sonidos que en su niñez, lo hacían dormir hasta despertarse por el primer rayo del sol. Julian notaría, momentos antes de que su corazón dejara de bombear, la ironía del ciclo de su vida: Aquellas notas que de niño lo acompañaban al cerrar sus ojos, ahora harían lo mismo, acompañandolo a su ultimo e infinito sueño.
La guitarra comenzó a desparecer, y en su lugar apareció el paisaje de un bosque atravesado por un lago. En aquel paisaje, los unicos sonidos provenían de una cascada. Los animales que lo habitaban parecían comprender aquel sonido, parecían vivir gracias a él. Sobre el bosque se desplegaba un cielo azul, vacío de nubes. Asi recordó Julian la vez en que su padre lo había llevado a un lugar de los mismos rasgos. La felicidad que había sentido en su infancia al recordar su estadía allí, ahora resurgía en Julian, haciendo que sobre sus ojos se desplegaran manantiales de lagrimas. Pero ya esas gotas no podían apagar el fuego, su destino estaba sellado.
De nuevo la imagen se transformó en otra. Ahora aparecía allí, en el humo, un libro verde cuyo titulo Julian no podía descifrar.Ese libro contenía infinitos textos de infinitos autores. Pero ya era demasiado tarde, Julian nunca lo podría leer. Nunca podra revelar los secretos que guardan aquellas hojas, escritas en un tiempo que aun no fue pensado, porque ya las llamas las han alcanzado.
El libro despareció. El fuego seguía consumiendo su cuerpo con indiferencia, o quizas hasta con ira. Aquel fuego deseaba que Julian lo apagase, que lo mandara de nuevo a su sueño hasta tener que revivir en el accidente de algun otro pobre diablo. Pero Julian no podía apagarlo, y por ello, el fuego lo castigó.
En su ultima exhalación recordó como, tan solo 5 minutos antes, había gritado "¡Odio al mundo! ¡maldigo el día en que nací! ¡Quisiera que las llamas del infierno me tragaran!".
Julian nunca pudo saber que aquellas llamas "infernales", fueron producidas por la caida de su ultimo cigarrillo dentro del tacho de cocina. Lo unico que supo al cerrar los ojos era que su odio, ardiendo con igual vehemencia que el fuego, fue lo que lo consumió.
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